El Pincha le ganó bien por 2-1 en Avellaneda y los hinchas locales estallaron contra los jugadores y pidieron ganarle a Racing el próximo domingo, aunque antes visitará a Rosario Central el miércoles. El Diablo ya acumula nueve fechas sin victorias (tres derrotas y seis empates) y se hunde en el fondo de la tabla.
La apuesta inicial que hizo Independiente por Leandro Stillitano salió mal. Y con el adiós prematuro del técnico que hacía sus primeros pasos como cabeza de grupo en la máxima categoría todo volvió a foja cero en el lado rojo de Avellaneda. Por eso, el equipo sigue sin forma, más allá del orden que Pedro Monzón trata de darle en estos días de interinato.
Eduardo Domínguez, hace poco en el Rojo, ahora en el banco del Pincha. Foto: Juan Manuel Foglia
Independiente la pasa mal en cada partido. Porque no hay conexión entre sus líneas. Porque no hay convencimiento de una idea. Porque no hay una idea. Porque hay miedo, sobre todo de local con el murmullo y los silbidos de un público cansado de temporadas mediocres. Porque está en desventaja con cualquier equipo que tenga una mínima preparación y un trabajo de un par de meses.
El Diablo hoy está lejísimos de imponer respeto. Y Estudiantes se lo faltó de entrada. Tuvo cinco chances claras el cuadro platense en una primera parte que no la terminó arriba en el marcador por su mala puntería. Benjamín Rollheiser ubicado a la espalda de Iván Marcone fue un problema sin solución para el local.
Hizo lo que se le antojó Rollheiser por el medio. De hecho, fue quien contó con la primera chance de gol aunque lo cerró justo Damián Pérez tras una asistencia de Jorge Rodríguez. Santiago Ascacibar, como volante interior izquierdo, pisaba el área seguido y tuvo un par muy claritas. En una reventó el travesaño después que se la bajara Mauro Boselli. Y en la otra la sacó en la línea Sergio Barreto de cabeza.
Un remate de Boselli que se fue a centímetros del palo izquierdo de Rodrigo Rey. Otro de Rollheiser. Un cabezazo de Emmanuel Mas... Estudiantes se aprovechó de las inseguridades del medio y de la defensa de un Rojo colorado de vergüenza por un nivel de juego flojo y una falta de ánimo preocupante.
La leve mejoría que había logrado desde lo actitudinal en el empate contra San Lorenzo en el Bajo Flores se fue por la borda en el Libertadores de América-Ricardo Bochini, ahí donde el césped parece ser lava y la pelota una bola de fuego para los jugadores rojos que cometen errores derivados de los nervios.
Sin Nicolás Vallejo (expulsado) ni Juan Cazares (castigado por indisciplina), no hubo quién se hiciera cargo de la elaboración ni del cambio de ritmo. Baltasar Barcia se sintió incómodo como extremo izquierdo, mientras que el pibe Tomás Rambert (debutante como titular) puso más ímpetu que cabeza.
Tardó más de media hora Monzón en darse cuenta de que debía intercambiarlos de costados. Cuando lo hizo, en la primera que tocó Barcia envió un centro que casi conecta Rambert en una de las escasas llegadas del dueño de casa. La otra fue un disparo muy desviado de Barcia.
El Moncho intentó corregir la tarde virando el 4-3-3 al 4-4-2, pero en el primer córner que tuvo en el complemento, Estudiantes anotó a través del Corcho Rodríguez, que capitalizó un mal despeje del fondo local.
Independiente careció de reacción y cada vez se hacía más visible su desconcierto. Hasta que la gente estalló cantando contra los futbolistas. Justo en ese momento llegó un insólito gol en contra de Zaid Romero que cabeceó solo hacia su propia valla y desconcertó a Mariano Andújar.
Pero cuando el Rojo se había ilusionado con llevarse un punto inmerecido, de otra pelota parada, esta vez de un tiro libre, Estudiantes lo ganó. Romero tuvo inmediata redención, superó a Elizalde en el salto, le dio el triunfo al Pincha y desató el infierno en Avellaneda.