Y es que de miradas está hecha Noticias del gran mundo. Después de esa lectura en un paraje al norte de Texas, Kidd encuentra una nena criada por la comunidad kiowa que, como tal, no habla una palabra en inglés. Apenas una nota oficial junto a ella explica que el pequeño detalle de sus ojos claros y tez blanquísima se deben a que desciende de alemanes y, muertos los padres, creció con una familia adoptiva. Como único vínculo sanguíneo quedan unos tíos a 600 kilómetros, bien al sur de ese estado en llamas. Sin nadie que haga cargo, Kidd carga la carreta y parte con ella en una travesía no exenta de peligros. Como en todo western, los hombres son más peligrosos -no malos per se, dado que la guerra, en el ajustado entramado del guion, asoma como motor de un quiebre económico pero también moral- que la inhospitalidad de un terreno cuyos cambios de tonalidad se modifican con el avance de la relación de la dupla. Del salón lóbrego del inicio a una lectura festiva y luminosa, en lo que quizás sea el único momento auténticamente concesivo y tranquilizador durante un camino sin ley.